Terrícolas, habitantes del planeta Tierra

De los últimos 15 minutos del documental TERRICOLAS (http://www.youtube.com/watch?v=K1hlJ4tKFPw)
EARTHILNGS /Versión original en inglés con subtitulos en español/ (http://www.youtube.com/watch?v=PRrH6Ml5IDU)

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La ignorancia es la primera linea del especista (quien considera su especie superior a las demás). Sin embargo, es fácilmente infringida por cualquiera con el tiempo y la determinación de encontrar la verdad. La ignarancia ha prevalecido por tanto tiempo solo porque la gente no desea saber la verdad (como era mi caso).

“No me digas más, vas a arruinarme la cena” es la típica respuesta ante cualqueir intento de informar a alguien cómo es que su cena fue producida.

Incluso la gente que está consciente de que la granja tradicional ha sido substituida por los intereses de las grandes empresas, que su ropa viene de vacas torturadas hasta la muerte, que su entretenimiento significa el sufrimiento y la muerte de millones de animales, y que algunos experimentos dudosos son efectuados en los laboratorios, aún se aferra a la idea imprecisa, de que las condiciones no pueden ser tan malas, o de lo contrario el gobierno o las sociedades del bienestar de animales hubieran hecho algo por ello.

Pero no es la incapacidad de saber lo que está sucediendo, tanto como lo es el deseo de no conocer los hechos que residen muy adentro de la conciencia de uno, que es responsable por esta falta de conocimiento. Después de todo, las víctimas de lo que sucede en estos lugares terribles no son miembros del grupo de uno.

A fin de cuentas, se trata del dolor y sufrimiento. No de la inteligencia, ni la fuerza, ni la clase social o el derecho civil. El dolor y sufrimiento son, en sí, algo malo y deberían ser evitados o minimizados, independientemente de la raza, sexo, o especie del ser que sufre.

Todos somos animales de este planeta. Todos somos criaturas. Y los animales no humanos sienten sensaciones como nosotros. Ellos también son fuertes, inteligentes, trabajadores, móviles y evolutivos. Ellos también son capaces del crecimiento y la adaptación. Como nosotros, ante todo, ellos son Terrícolas (habitantes del planeta Tierra). Y como nosotros, ellos están sobreviviendo. Como nosotros, también buscan su comodidad en vez de la incomodidad. Y como nosotros, expresan grados de emociones. En resumen, como nosotros, ellos etán vivos. La mayoría siendo, de hecho, vertebrados igual que nosotros.

Si nos ponemos a pensar de la importancia del animal en la supervivencia de los humanos, de nuestra dependencia absoluta de ellos, para el compañerismo, comida, ropa, deporte y entretenimiento, así como para la investigación médica y científica, irónicamente, sólo vemos la falta de respeto de la humanidad ante estos proveedores no humanos. Sin duda, esto debe ser lo que es, “morder la mano que nos alimenta”. De hecho, la hemos pisoteado y escupido.

Ahora nos enfrentamos a la consecuencia inevitable. Esto es evidente en los informes de salud, debido a nuestro consumo excesivo de animales. El cáncer, cardiopatía, osteoporosis, derrames cerebrales, cálculo renal, anemia, diabetes y más. Incluso nuestra comida ha sido afectada, y desde su propia fuente. Con antibióticos para promover el aumento de peso en animales que no pueden subir de peso bajo las condiciones estresantes de la vida en las granjas industriales, con el uso excesivo de pesticidads e insecticidas, u hormonas artificiales diseñadas para aumentar la producción de leche, el tamaño de la camada y su frecuencia, con colorantes artificiales, herbicidas, larvicidas, fertilizantes sintéticos, tranquilizantes, estimulantes de apetito y crecimiento no es de extrañar que la Enfermedad de la Vaca Loca, la Enfermedad de la Fiebre Aftosa, la Pfisteria, y muchas otras anormalidades de animales se han desatado (liberado) al público humano.

La naturaleza no es responsable de estas acciones. Nosotros (aun como cómplices) lo somos. Por lo tanto el cambio es inevitable. O lo hacemos nosotros, o nos veremos forzados a hacerlo por medio de la naturaleza. Ha llegado el momento de reconsiderar nuestros hábitos alimenticios, nuestras tradiciones, estilos y modas, y sobre todo, nuestra manera de pensar.

Por lo tanto, si existe alguna verdad detrás del viejo dicho “Todo lo que sube baja”, ¿entonces qué le sacan ellos a su dolor? ¿Le damos un segundo pensamiento? Si lo que sube baja, ¿qué le sacan ellos a su dolor?

Ellos son Terrícolas. Tienen el derecho de estar aquí tanto como los humanos. Quizás la respuesta está en otro viejo dicho, y uno igualmente cierto: “Cosechamos lo que sembramos”.

Claro que los animales sienten, y claro que sufren dolor. Después de todo, ¿ha dotado la naturaleza a estos bellos animales con fuentes de sentimientos para no sentir? ¿O acaso los animales tienen nervios para ser insensibles? La razón exige una mejor respuesta. Pero una cosa es absolutamente cierta. Los animales usados para comida, usados para ropa, usados para entretenimiento y en experimentos científicos, y todas las otras opresiones realizadas (sobre ellos) bajo el sol, todos mueren del dolor. Cada uno de ellos.

¿Acaso no es suficiente que los animales por todo el mundo vivan retirados permanentemente del progreso y la expansión humana? Y para muchas especies, simplemente no hay otro sitio donde ir.

Parece que el destino de muchos animales es de no ser deseados por el hombre o ser demasiado deseados. Llegamos como Señores de la Tierra, portando poderes extraños de terror y misericordia por igual. Pero los seres humanos deberían amar a los animales así como los sabios aman a los inocentes y los fuertes aman a los vulnerables.

Cuando nos estremecemos ante el sufrimiento de los animales, ese sentimiento habla bien de nosotros, aunque lo ignoremos. Y aquellos que rechacen el amor por nuestras criaturas compañeras como un simple sentimentalismo pasan por alto una parte buena e importante de nuestra humanidad. Pero no le quita nada al hombre ser bondadoso con un animal. Y de hecho está en nosotros concederles una vida feliz, y larga.

En el brezal, el Rey Lear le preguntó a Gloucester: “¿Cómo ves el mundo?” Y Gloucester, siendo ciego, respondió: “Lo veo sintiéndolo”. “Lo veo sintiéndolo”.

Tres fuerzas principales de la vida existen en este planeta. La naturaleza, los animales y la especie humana. Todos nosotros somos Terrícolas, haz la conexión.

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El texto entre paréntesis es mio.

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